
A lo largo de la historia, las personas menstruantes han buscado distintas formas de manejar el ciclo menstrual, de acuerdo con los conocimientos, materiales y creencias de cada época. En las civilizaciones antiguas, como Egipto, Grecia o Roma, se utilizaban materiales naturales como telas, lana, musgo, algodón o incluso papiro para absorber el sangrado. Estos métodos eran reutilizables, poco higiénicos y dependían mucho del acceso a recursos.
Durante la Edad Media y hasta el siglo XIX, muchas mujeres simplemente reutilizaban trapos o telas, que se lavaban y usaban varias veces. La menstruación era un tema tabú, por lo que existía poca innovación y casi ninguna información pública sobre el cuidado menstrual. Fue hasta finales del siglo XIX y principios del XX cuando comenzaron a desarrollarse los primeros productos comerciales, como las toallas sanitarias desechables, impulsadas en parte por avances médicos y materiales absorbentes usados en la guerra.
En la segunda mitad del siglo XX surgieron los tampones, que ofrecían mayor discreción y libertad de movimiento, aunque también generaron debates sobre seguridad y salud. Más recientemente, en el siglo XXI, ha crecido el interés por alternativas sustentables y reutilizables, como las copas menstruales y la ropa interior menstrual, impulsadas por la conciencia ambiental, la salud y el acceso equitativo a productos menstruales.
La evolución de estas alternativas refleja no solo avances tecnológicos, sino también un cambio social hacia una mayor apertura, educación y respeto por la salud menstrual.
Referencia:
The History of Menstrual Products. Investigación histórica sobre la evolución de los productos menstruales.
